Ácido ascórbico y liposomas, el dúo ganador para recuperar la salud

Los efectos beneficiosos de la vitamina C para reforzar el sistema inmunitario y recuperar la vitalidad son conocidos desde hace tiempo. Es mucho menos conocido el hecho de que una carencia de vitamina C pone en riesgo su salud al provocar una grave deficiencia: la hipoascorbemia. Entre las diferentes formas de vitamina C, la forma liposomal es una novedad que tiene muchas ventajas, entre ellas la de ser mejor asimilada. De hecho, es un compuesto de liposomas, membranas que transportan el ácido ascórbico al corazón de sus células.

La carencia de vitamina C, un riesgo real que a menudo se subestima

Casi todos estamos afectados por una carencia más o menos importante de vitamina C. La causa: nuestra dieta y el bajo contenido en vitaminas de las frutas y verduras de hoy en día. La contaminación, el estrés y el uso de medicamentos son factores agravantes. Al obligar al organismo a consumir un exceso de vitamina C, aumentan la gravedad de la carencia.

La forma más grave de carencia de vitamina C es una enfermedad afortunadamente poco frecuente llamada escorbuto. Conocido desde los egipcios, el escorbuto diezmó a los marineros durante siglos. Privados de frutas y verduras frescas durante meses en el mar, murieron lentamente de una enfermedad desconocida. Los dientes flojos, las encías purulentas y las hemorragias eran los principales síntomas de la enfermedad. Ya en 1604 parece haberse encontrado un remedio, ya que en la Description du premier voyage fait aux Indes Orientales de François de Vitré, un famoso navegante, se dice que "no hay nada mejor para preservarse de esta enfermedad que tomar a menudo zumo de limón o de naranja". No fue hasta 1913 y la nomenclatura de las vitaminas por parte del bioquímico estadounidense Elmer McCollum que se identificó la vitamina C como la "sustancia que protege contra el escorbuto".

Si el escorbuto es ahora extremadamente raro, la carencia de vitamina C vuelve a aumentar.

Estas carencias, también conocidas como hipovitaminosis, provocan numerosos trastornos: pérdida de peso, dolores de cabeza, dolores óseos e incluso, en los casos más avanzados, disminución de la inmunidad o problemas hemorrágicos. Por lo tanto, una carencia de vitamina C puede ser responsable de un desequilibrio en el organismo y provocar enfermedades o ser un factor agravante del cáncer, por ejemplo. Esto se llama hipoascorbemia.

Hipoascorbemia, una deficiencia causada por la falta de vitamina C

La hipoascorbemia es una condición que se materializa por una deficiencia significativa de vitamina C. Su nombre fue dado en los años 50 por Irwin Stone, un químico estadounidense que dedicó su vida al estudio de los ascorbatos. Defendió la tesis de que estas vitaminas no debían consumirse en cantidades decimales infinitas, sino administrarse en dosis masivas para evitar la hipoascorbemia. Stone inspiró al Premio Nobel Linus Pauling, que basó en sus investigaciones uno de los trabajos más importantes de su carrera: la medicina ortomolecular.

El objeto de la investigación de Stone no es la vitamina C, sino los ascorbatos, sales minerales derivadas del ácido ascórbico y liberadas así de su acidez. Hay ascorbatos de potasio, calcio y magnesio. Estas formas hidrosolubles de la vitamina C son potentes antioxidantes muy utilizados como conservantes de alimentos. Utilizados para tratar la carencia de vitamina C, presentan propiedades excepcionales.

D-manosa

¿Cuáles son las diferentes funciones de la vitamina C en el organismo?

Las virtudes de la vitamina C para reforzar la inmunidad ya no están por demostrar. Se sabe que permite afrontar el invierno resguardándose de los golpes de frío o protegiéndose de los virus como la gripe. Presente en las farmacias y en la televisión desde el mes de septiembre, no dejamos de alabar sus méritos por su acción revitalizante que ayuda a luchar contra el cansancio invernal. Pero ¿sabías que en realidad interviene en muchos procesos vitales? La vitamina C no sólo es un potenciador de la energía que hay que consumir en invierno, sino que es un potente antioxidante que cataliza múltiples metabolismos vitales. Y en caso de una carencia importante, es todo su cuerpo el que empieza a funcionar mal.

La vitamina C neutraliza los radicales libres responsables del envejecimiento prematuro de las células. Estimula las funciones cerebrales, retrasa el envejecimiento y tiene un verdadero efecto defatigante. Desempeña un papel protector al aumentar la resistencia del organismo a los virus, las bacterias o las reacciones autoinmunes de tipo alérgico o inflamatorio. Le protege literalmente de los ataques tanto en el exterior como en el interior de su cuerpo. Mejora el tono de las paredes capilares y estimula la producción de glóbulos rojos. Sin vitamina C, la transformación de la vitamina B9 en ácido folínico es imposible, lo que provoca anemia. Su papel en la síntesis del colágeno es fundamental. El ácido ascórbico reduce la nocividad de los metales pesados y es también un potente analgésico.

Lo habrán comprendido, esta vitamina tiene muchas virtudes, es además por lo que se utiliza ampliamente en los tratamientos del cáncer, en complemento de la quimioterapia de la que limita los efectos secundarios, pero también en las formas graves de diabetes o intoxicaciones. Hoy conocemos la acción de los radicales libres sobre nuestro ADN, en particular gracias a los estudios realizados sobre los trabajadores de Fukushima. Esta investigación demostró que la vitamina C había frenado el deterioro del ADN y evitado el aumento del riesgo de cáncer en los sujetos que habían consumido dosis masivas. También se utiliza para combatir el helicobacter pylori, previniendo las úlceras de estómago y los cánceres.

¿Cuánta vitamina C necesito al día?

Las opiniones difieren sobre la cuestión de la ingesta diaria recomendada de vitamina C. En Europa y Canadá, los nutricionistas recomiendan una RDA (Recommended Dietary Allowance) de 90 mg al día, mientras que sus colegas franceses recomiendan una dosis mínima diaria de 110 mg. Todos coinciden en un punto: si fuma, debe aumentar su dosis diaria de vitamina C en al menos 35 mg.

Estudios recientes tienden a demostrar que la ingesta recomendada es insuficiente y que la dosis ideal sería de 200 mg cada día. Según un estudio publicado en la revista Critical in food science and nutrition en 2012, solo a partir de este umbral los efectos revitalizantes y antioxidantes de la vitamina C serían plenamente beneficiosos. Linus Pauling, Premio Nobel de Química estadounidense, ya recomendaba en los años 70 un consumo muy elevado de vitamina C. En un libro titulado My love affair with vitamin C (Mi historia de amor con la vitamina C) recomendaba dosis masivas, de hasta varios gramos al día, para los enfermos de cáncer. Hoy en día, cuando se habla de una cura de vitamina C, se habla de un periodo durante el cual las dosis variarán en función de la patología.

En caso de enfermedad grave o diabetes, la dosis recomendada es de unos 5 g al día hasta la mejora. Para un resfriado, se recomienda tomar una dosis de 6 gramos el primer día y luego 3 gramos hasta el final de los síntomas. En los casos de cáncer, la dosis de inyección de laroscorbina puede llegar a varias decenas de gramos por sesión, pero el tratamiento se administra bajo supervisión médica. Si sufre un ataque de gota, tome 8 g al día de vitamina C durante 8 días y notará una notable reducción de la concentración de ácido úrico en sangre. Si eres fumador, deberías consumir 4 g al día sólo para reponer las pérdidas y reponer las reservas. Su consumo regular también neutraliza el benzopireno y las nitrosaminas, sustancias cancerígenas contenidas en los cigarrillos. En caso de estrés importante o de periodo de fatiga intensa, de 3 a 5 gramos al día parecen ser suficientes. A continuación, debe aumentar la dosis gradualmente, comenzando con 2 gramos y haciendo una pausa en cuanto las heces se ablanden. Un aumento rápido de la dosis puede desencadenar ciertos fenómenos de desintoxicación como la diarrea. Es mejor esperar a que todo vuelva a la normalidad antes de volver a aumentar lentamente la dosis.

Natural, sintética o liposomal, ¿por qué hay diferentes formas de vitamina C?

La vitamina C o ácido ascórbico es una vitamina que el cuerpo humano no puede sintetizar. Por lo tanto, debe encontrar, especialmente en su dieta, un aporte suficiente para el funcionamiento normal de nuestro organismo. Pero cuando esto no es suficiente, hay varias formas de vitamina C que pueden complementar la dosis diaria.

1 Vitamina C natural

La vitamina C natural es cada vez más difícil de encontrar en los alimentos, ya que éstos han perdido gran parte de su valor nutricional en unas décadas. Por ello, los laboratorios ofrecen ahora complementos alimenticios, casi siempre a base de frutas, para complementar la ingesta diaria. La acerola es sin duda la fruta más famosa por su aporte de vitamina C y con razón, esta pequeña cereza contiene de 20 a 30 veces más vitamina C que una naranja. La ventaja de la vitamina C natural en las frutas y verduras es que está rodeada de otros nutrientes igualmente interesantes. La acerola, por ejemplo, también contiene flavonoides que ayudan a absorber el ácido ascórbico y también tienen un efecto protector sobre los vasos sanguíneos.

2 Vitamina C sintética

La vitamina C sintética que se encuentra en el mercado tiene estrictamente los mismos efectos que la llamada vitamina C natural, siempre que sea Levogyre, entonces hablamos de L-ascórbico. Sintetizarlo permite extraer 2 moléculas diferentes: L-ascórbico y D-ascórbico, pero sólo el primero es asimilado por nuestro organismo, el segundo presenta incluso efectos nocivos. Algunos suplementos están compuestos por un 50% de vitamina Levogyre y un 50% de Dextrogyre. En este caso, para un aporte equivalente de vitamina C al organismo, habrá que duplicar su consumo.
En forma inyectable, lleva el nombre de Laroscorbina y ha demostrado ampliamente su eficacia, pero se limita a los usos médicos, ya que debe ser prescrita y administrada por un profesional de la salud. Se utiliza exclusivamente como complemento del tratamiento de ciertas patologías muy graves, como las intoxicaciones graves o el cáncer. Esta forma intravenosa permite tratamientos con dosis importantes, de varias decenas de gramos de ácido ascórbico por sesión.

3 Vitamina C liposomal

Liposomal, la vitamina C viene en polvo, tabletas o líquido, fácil de usar. Esta forma debe su nombre a la utilización de liposomas, pequeñas bolsas formadas por lípidos que sirven para transportar la vitamina hasta donde será realmente eficaz, es decir, hasta el corazón de las células. Permite una óptima asimilación del ácido ascórbico por el organismo. Gracias al liposoma, la vitamina se libera en el corazón de la célula, para un efecto máximo y una pérdida mínima. La forma liposomal está compuesta por ascorbatos, una forma hidrosoluble de la vitamina C cuya principal virtud es facilitar su absorción. En la mayoría de los casos se combinan con flavonoides, conocidos por participar en el proceso de asimilación de la vitamina C en el organismo. La vitamina C liposomal combina ascorbatos y flavonoides como la forma natural que se encuentra en las frutas y verduras frescas. Su composición le confiere una eficacia reforzada, hasta 4 veces superior a la de una vitamina C básica. Los ascorbatos, que son menos ácidos, también se toleran mucho mejor en los intestinos. Los liposomas también se utilizan en cosmética por su capacidad para difundir la vitamina C en el corazón de las células, lo que hace que su acción antirradicales libres sea mucho más eficaz para combatir los efectos del envejecimiento.

Azufre orgánico 2

¿Cómo abordar una cura de vitamina C para recuperar la vitalidad?

La vitamina C utiliza la misma vía que el azúcar para entrar en nuestras células, por lo que cuanto menos azúcar comas, mejor podrás absorberla. Y si comienza una dieta cetogénica alta en grasas y baja en carbohidratos, puede incluso prescindir por completo de la vitamina C en pocas semanas.

Es bastante fácil encontrar vitaminas naturales en las frutas y verduras. Los 10 alimentos que más vitaminas contienen son, por orden, las cerezas acerola, los escaramujos, las guayabas, las grosellas negras, los pimientos rojos, el kiwi, las coles de Bruselas, las fresas, el brócoli cocido y las naranjas. La cereza acerola es difícil de encontrar en nuestros países, al igual que la baya de escaramujo. En cuanto a los otros, incluso consumidos en cantidad, no bastarían para aportar la dosis necesaria para una verdadera cura de vitamina C. Estos alimentos, para conservar sus nutrientes, deben consumirse crudos, a excepción del brócoli. El ácido ascórbico es una de las vitaminas más inestables, sensible al calor y a la luz. La mejor manera de garantizar sus beneficios es preparar deliciosos zumos enriquecidos con vitaminas y absorberlos inmediatamente después de prensarlos. Sin embargo, el consumo masivo de alimentos crudos puede causar muchos inconvenientes, sobre todo si eres un poco frágil del intestino. Además, las dosis de vitamina C absorbidas serían irrisorias, a menos que se consuman varios litros en un día.

Para una cura eficaz, de un mínimo de 2 o 3 gramos de vitamina C al día, es mejor recurrir a los complementos alimenticios. Pastillas, polvo o líquido, depende de ti encontrar la fórmula que te convenga. Una de las ventajas de la vitamina C es que se pueden tomar dosis masivas sin riesgo de sobredosis. Si tomas demasiado y tu cuerpo no puede absorberlo, simplemente lo echará en la orina.

El liposoma, piedra angular de la terapia ortomolecular

El estadounidense Linus Pauling es el padre de la medicina ortomolecular. Sus trabajos sobre la vitamina C le llevaron a inventar un medicamento "biológicamente correcto" en contraposición a los tratamientos farmacológicos, que consideraba "biológicamente incorrectos" porque eran "ajenos al cuerpo humano". La terapia ortomolecular propone, por tanto, un enfoque dirigido a enviar cantidades masivas de vitaminas al corazón de la célula para frenar las carencias y sus efectos devastadores.

El liposoma es una vesícula nanométrica formada por lípidos que se utiliza para transportar principios activos, como la vitamina C. No sólo es capaz de atravesar la membrana celular, sino también de liberar el producto que contiene en el corazón de la célula. Compuesto por lípidos, el liposoma es capaz de resistir los ataques enzimáticos y, por tanto, tiene una capacidad innata de proteger los principios activos que contiene, haciéndolos menos frágiles a la digestión.

Esta minúscula vesícula lipídica es ahora la punta de lanza de la terapia ortomolecular, ya que permite que la vitamina se difunda en el corazón de la célula para su perfecta absorción, por lo que se conoce como vitamina liposomal. También aparece en los cosméticos para hacer que los principios activos encapsulados pasen a la dermis para una mayor eficacia. Como los liposomas también son capaces de transportar genes, anticuerpos o enzimas, se están estudiando otras aplicaciones en los campos de la vacunación, el cáncer y la prometedora terapia génica.

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